martes, 25 de octubre de 2016

Delicada flor silvestre



 
Una joven, demasiado imberbe diría yo para estar entre un gremio de campesinos, pide la palabra en el Pleno de ANAP, y habla como si hubiese vivido el triple de los 22 años que tiene. Se expresa con madurez, con el ímpetu de su tiempo y por la carita me sigue pareciendo que es una adolescente. Pero cuán equivocada estoy.
Termina la reunión, una que se ha extendido más de lo que debe durar una cita de hombres acostumbrados la lidia cotidiana con el surco, las semillas, los animales… la busco entre la multitud y le pido sentarnos a conversar. Alta, delgada, arreglada como para un día de fiesta. Se trata de Delia Rosa Espino Ramos, tiene 22 años, es la presidenta de la Organización de base de la Cooperativa  de Créditos y Servicios Antonio Maceo, y tiene un hijo pequeño de 4 años.

martes, 18 de octubre de 2016

Labranza y sudor



 
Son las 5:00 de la mañana, y como todos los días, Enny De la Caridad Rivero Cordero está en pie. Prepara el desayuno, cuela el café y se monta en su quitrín para iniciar la faena cotidiana, allí en El Reparador, un barrio distante unos 7 kilómetros de la localidad de Rodas en Cienfuegos, al Centro-Sur de Cuba. Comienza por ordeñar las vacas y ya no para hasta que se pone el sol.
Pero no siempre fue así. Antes, se desempeñaba como veterinaria en la Granja Genética San Lino. En el año 1998 se acogió a la posibilidad de obtener tierras en usufructo y así comenzó a fomentar una finca desde la nada.
“Fue una decisión difícil, al principio la familia no me apoyaba y sólo contaba con la ayuda de antiguos colegas de trabajo. Era para asustarse, la tierra estaba minada de marabú, y tenía una vaca y un ternero”. La constancia es la máxima de Enny, una mujer pequeña, delgada, curtida por el sol, pero que no conoce aquella frase negativa de: “no se puede”.

jueves, 13 de octubre de 2016

Oficio de carbonero




Nelson Córdova Godoy soñó con ser pelotero, y mira que el hombre es duro con eso de empeñarse en hacer realidad los sueños, lo que se le cuela "entre ceja y ceja", como decimos los cubanos,lo logra. Y tanto sucedió así, que venido de Las 500, una comunidad “perdida” en la geografía abreuense, en jurisdicción de la provincia de Cienfuegos, ubicada al Centro Sur de Cuba, fue a dar hasta la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético, conocida como la ESPA.
Y aunque llegó lejos, dejó un día atrás bate, guante y pelota y regresó a su barrio.
El muchacho de 41 años no habla mucho, es de esos entrevistados a los que mirándole a los ojos y desdibujándolo, encontramos los matices, las palabras por pronunciar. No muy alto, fornido y con la piel quemada por el sol, muestra unos ojos cansados a pesar de la juventud, porque su nuevo oficio lo hace pasar la noche en vela: carbonero.
“¿Qué si me pagan bien?”, responde con una interrogante. “Sí, la paga es buena, pero el trabajo se las trae. No creas, uno le llega a coger amor a esa pila de leña, que sabe se convertirá en fuego, quizá para calentar casas frías, allá lejos, para cocinar o vaya usted a saber”.

lunes, 10 de octubre de 2016

10 de Octubre: el día definitivo


Así amaneció el 10 de octubre de 1868 la dotación del ingenio azucarero La Demajagua.



Han transcurrido 148 años de aquel 10 de octubre de 1868. Lo que parecía una jornada cualquiera, terminó por ser el día en que Cuba clamó por su independencia definitiva. Carlos Manuel de Céspedes, abogado de clase adinerada, de preclara conciencia de que la lucha armada resultaría el único camino a la libertad, reunió bien temprano a sus esclavos, la mayoría de ellos bozales, y les dio dos opciones: compatriotas o libertos. Ahí comenzó el largo camino a recorrer por los cubanos hasta lograr la independencia, casi un siglo después.
La Demajagua, el ingenio de la familia Céspedes, pasó a ser el lugar histórico donde aún se escucha el eco de un ¡Viva Cuba Libre! que inició el combate, uno desigual, pero justo. Mucha sangre corrió desde entonces, vidas valiosas perdidas, penurias, pero los cubanos no cejaron en el empeño de, ya criollos auténticos, dejar de ser ordenados por un Capitán General venido de Europa y acatar normas de una metrópoli extranjera. Se expresaba en el Manifiesto: