lunes, 10 de octubre de 2016

10 de Octubre: el día definitivo


Así amaneció el 10 de octubre de 1868 la dotación del ingenio azucarero La Demajagua.



Han transcurrido 148 años de aquel 10 de octubre de 1868. Lo que parecía una jornada cualquiera, terminó por ser el día en que Cuba clamó por su independencia definitiva. Carlos Manuel de Céspedes, abogado de clase adinerada, de preclara conciencia de que la lucha armada resultaría el único camino a la libertad, reunió bien temprano a sus esclavos, la mayoría de ellos bozales, y les dio dos opciones: compatriotas o libertos. Ahí comenzó el largo camino a recorrer por los cubanos hasta lograr la independencia, casi un siglo después.
La Demajagua, el ingenio de la familia Céspedes, pasó a ser el lugar histórico donde aún se escucha el eco de un ¡Viva Cuba Libre! que inició el combate, uno desigual, pero justo. Mucha sangre corrió desde entonces, vidas valiosas perdidas, penurias, pero los cubanos no cejaron en el empeño de, ya criollos auténticos, dejar de ser ordenados por un Capitán General venido de Europa y acatar normas de una metrópoli extranjera. Se expresaba en el Manifiesto:

“Al levantarnos armados contra la opresión del tiránico gobierno español, manifestamos al mundo las causas que nos han obligado a dar este paso. Nadie ignora que España gobierna la Isla de Cuba con un brazo de hierro ensangrentado; no sólo no le deja seguridad en sus propiedades arrogándose la facultad de imponerle tributos y contribuciones a su antojo, sino que teniéndola privada de toda libertad política, civil y religiosa sus desgraciados hijos se ven expulsados de su suelo a remotos climas…”.
Este día no era el escogido para el levantamiento, pero Céspedes tenía razones sobradas para adelantar el alzamiento, al conocerse de que serían encarcelados los principales dirigentes, acción que luego no sería bien acogida por algunos de los patriotas cubanos, sin embargo, con los principios sobre las espaldas siguió guiando el destino del Ejército Libertador, combinando el arte de la guerra con su liderazgo, al punto de alcanzar el grado honorífico de Padre de la Patria, y así murió, para probar la entereza aún en medio de la soledad, en combate desigual, pero “sobre el caballo y con el machete llamando a degüello”.
Es 10 de octubre, transcurridos 148 años. No es sábado como entonces sino lunes, amanece, y el sol sale por el oriente, ese oriente rebelde que hoy se levanta para recomenzar, reverenciando con su brillo el día, aquel en el que tañeron las campanas de La Demajagua, no para llamar al corte de caña a los negros esclavos, sino para un convite de libertad y lucha por la Patria.

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